The Catcher in the Rye. Jerome David Salinger.   Leave a comment

Acabo de releer “El guardián entre el centeno” después de unos 35 años (los que hace que se lo dejé a un amigo y hasta la fecha) y ahora entiendo por qué no la reconocía entre el maremagnum de críticas adversas y demenciales que ha suscitado a lo largo de su historia.
Por supuesto, no me extraña lo más mínimo que haya irritado tanto a mentes retorcidas, ridículas, hipócritas y sucias. Desde luego. ¿Cómo podría ser de otra manera si el genio extraordinario y superdotado de Salinger cuenta con una libertad y una frescura impresionantes (aunque esta obra resulte ahora un poco ingenua) como lo haría un adolescente de 16 años en su lenguaje de los años 50 todo lo que le ocurre tal y como le pasa por la cabeza, sin cortapisas y sin importarle un pimiento dar lugar a los equívocos venenosos de sus detractores que, desde luego, se han venido produciendo sin interrupción y sin pies ni cabeza.
Le entiendo perfectamente (al protagonista de la extraordinaria novela corta, Holden, y a su autor, Salinger a quienes mentalmente no puedo disociar) porque es mi década y, aunque en países muy diferentes como entonces eran los países más que ahora y en niveles de desarrollo muy diferentes, me identifico con él. Todas esas barbaridades que se dicen de esta obra no son más que la venganza de don Mendo de mentes enfermas y podridas que siempre ha habido y siempre habrá, lameculos sin infancia, sin adolescencia, sin juventud, sin sensibilidad y sin cerebro y sin corazón que, encima pretenden negárselas también a los demás.
Me parece increíble que 35 años después me guste mucho más que entonces, pero es así. Probablemente sea una de las pruebas de que no he madurado lo suficiente o de que he sufrido una regresión (¡aleluya!).
Se trata, a mi modo de ver claro está, de una obra maestra y entiendo que pueda haber alguien a quien no le guste pero lo que no admito es que se la manche y calumnie con interpretaciones paranoicas y falsas.
El hecho de su extraña conducta social (más bien asocial) posterior y las desafortunadas confesiones (más bien indiscreciones) de su propia hija en el año 2000 no invalidan para nada la genialidad de su fuerza narrativa en esta obra irrepetible y extraordinaria.
Es decir, me declaro admirador incondicional de esta novela corta de Salinger sin importarme lo que hiciera Salinger antes o después de escribirla hasta su reciente muerte este mismo año ni su estabilidad emocional o la ausencia de ella.
Que un pervertido o un perturbado utilice una novela para decir o dar a entender que le dio alguna idea para cometer su crimen entra dentro de lo posible, pero en este caso resulta mucho menos probable que en el caso de un lector de Lolita o de Guerra y Paz o de Crimen y Castigo o de una obra de Sakespeare o de la mismísima Biblia o de millones de otras obras y, sin embargo, a nadie en su sano juicio se le ocurre acusar a esas obras de pederastia o de apología de la locura, de la violencia, del incesto, de la violación o del asesinato.
Salinger fue un gran escritor que tuvo la maestría y la genialidad de saber transmitir como nadie con una sinceridad espeluznante y fresca la tormenta vital y contradictoria que se produce en la cabeza y en las hormonas de cualquier adolescente con sangre en las venas y vida en las tripas. Y todo lo demás me parecen bobadas.
Javier Auserd.
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Publicado 21 febrero, 2010 por lacuevadeldinosaurio en Literatura

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