Hubo una vez en un país una carnicería de tal calibre que 36 años después se callaba y 75 años después se callaba y 100 años después dirá un hombre en un bar: ‘¡Pintan bastos!’ y los demás asentirán.
Javier Auserd.
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Hubo una vez en un país una carnicería de tal calibre que 36 años después se callaba y 75 años después se callaba y 100 años después dirá un hombre en un bar: ‘¡Pintan bastos!’ y los demás asentirán.
Javier Auserd.